Hay un dato que llama la atención: en Bolivia, entre el 67% y el 73% del consumo de café sigue siendo instantáneo — Nescafé, café soluble, el de siempre. Pero algo está cambiando, y los jóvenes son los que lo están cambiando.
Según datos del Instituto Boliviano de Comercio Exterior, el consumo interno de café crece a un ritmo del 0,9% anual. Ese crecimiento no viene del café soluble. Viene de las cafeterías de especialidad que en los últimos diez años se multiplicaron en La Paz, Cochabamba, Santa Cruz, Sucre y Tarija, y de una generación que quiere saber qué está tomando.
El fenómeno global que llegó a Bolivia
Una encuesta realizada por Cairngorm Coffee con consumidores jóvenes encontró que el 33% de la Generación Z — los nacidos entre 1997 y 2012 — dice que nunca volverá a tomar café instantáneo. La razón no es solo el sabor: es una cuestión de identidad. Los jóvenes eligen café de especialidad porque quieren saber el origen del grano, cómo fue procesado, quién lo cultivó y qué perfil de sabor tiene. El café instantáneo no puede contar esa historia.
En Bolivia ese cambio tiene una particularidad interesante: el café de especialidad que eligen los jóvenes bolivianos es, en muchos casos, el que se produce a pocos kilómetros de donde viven. El grano de Caranavi, de los Yungas, de Samaipata — ese café que el mundo paga caro — está disponible en las cafeterías de sus propias ciudades.
Lo que muestran los números
El IBCE proyecta un consumo interno de 27.000 toneladas métricas para 2028, con crecimiento sostenido. La penetración del café en hogares bolivianos ya alcanza el 57%. El 70% todavía toma café negro con azúcar, pero el porcentaje que migra hacia el café de especialidad crece año a año, impulsado principalmente por menores de 30 años.
La Revista Moscatel Bolivia lo confirma: la población joven volcó su mirada a la cultura del café de especialidad y cada día crece el número de baristas, tostadores y catadores bolivianos que se forman en el sector.
El Nescafé no va a desaparecer
Sería exagerado decir que el café instantáneo va a desaparecer de Bolivia. El precio, la comodidad y el hábito son barreras difíciles de romper. Pero la tendencia es clara: cada vez más bolivianos jóvenes están eligiendo pagar un poco más por un café que tiene nombre, origen y sabor propio.
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