El cold brew está en todas partes. En cafeterías de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz ya es parte del menú habitual, y cada vez más bolivianos lo preparan en casa. Pero hay algo que pocos saben: el café de los Yungas es uno de los granos más adecuados del mundo para hacer cold brew, y no es casualidad.
Por qué funciona tan bien
El cold brew se hace infusionando café molido en agua fría durante 12 a 14 horas. A diferencia del espresso o el filtrado caliente, el frío no extrae los compuestos amargos ni la acidez agresiva del grano. Lo que sí extrae son los azúcares naturales, los aromas dulces y la acidez suave y brillante.
El café boliviano de los Yungas tiene exactamente ese perfil: notas de chocolate con leche, caramelo, miel, frutas como manzana y mandarina, y una acidez delicada que no agrede el paladar. Cultivado entre 1.400 y 2.300 metros de altura, el grano madura lento y concentra más azúcares que los cafés de zonas bajas. El resultado en cold brew es una bebida naturalmente dulce, suave y con mucho sabor, sin necesidad de agregar azúcar.
Cómo prepararlo en casa
No necesitás equipamiento especial. Solo un frasco de vidrio con tapa y café boliviano de especialidad molido grueso.
Mezclás 30 gramos de café molido con 300 ml de agua fría filtrada. Tapás el frasco y lo dejás en la heladera entre 12 y 14 horas. Filtrás con un colador fino o papel de filtro y servís sobre hielo. Si querés un sabor más intenso, podés dejarlo hasta 20 horas.
El café boliviano de la variedad Typica o Catuai, tostado medio, es el que mejor resultado da en este método.
Dónde conseguirlo
En Bolivia podés encontrar café de especialidad de los Yungas en cafeterías de especialidad en La Paz, Cochabamba, Santa Cruz y Sucre que trabajan directamente con productores de Caranavi.
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