El 95% del café de Bolivia se produce en los Yungas, una región montañosa del departamento de La Paz ubicada entre 1.400 y 2.300 metros sobre el nivel del mar. Esa altitud es precisamente lo que hace al café boliviano tan particular: a mayor altura, el grano madura más lento, desarrolla más azúcares naturales y concentra aromas complejos que no se logran en zonas bajas.
El café de los Yungas es 100% arábica, con predominio de la variedad Typica — conocida localmente como Criolla — y se cultiva de forma orgánica, sin agroquímicos, en parcelas pequeñas manejadas por familias. El resultado es un grano con notas de chocolate, caramelo, miel y acidez brillante que los catadores internacionales ubican entre los mejores de América del Sur.
La provincia de Caranavi concentra el 85% de la producción nacional. Junto a Coroico, Alto Beni y Sud Yungas forman el corazón cafetalero del país. Entre las cooperativas más reconocidas del sector está la Cooperativa El Salvador de Caranavi, referente en producción orgánica y sostenible. El microclima subtropical, los suelos ricos en minerales y la biodiversidad del bosque andino-amazónico crean condiciones difíciles de replicar en otra parte del mundo.
A pesar de su calidad, el café boliviano sigue siendo uno de los menos conocidos a nivel internacional — lo que lo convierte en una de las joyas más accesibles del mercado de especialidad.
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