viernes, junio 12, 2026

¿Bombón macizo o relleno? Elegí según tu momento y estado de ánimo

macizo relleno

Hay días en los que querés algo intenso y directo. Otros, en los que buscás dulzura suave o una sorpresa en el centro. Elegir entre un bombón macizo y uno relleno no siempre es cuestión de gusto fijo: también es una forma de leer cómo te sentís y qué necesitás en ese momento.

Sí, así como elegimos una música, un perfume o una película según el ánimo, el chocolate también puede acompañar tu día con sintonía emocional. Acá te dejo algunas claves para saber qué tipo de bombón va mejor con vos… dependiendo del momento.


Si estás concentrado o resolviendo algo…

Elegí un bombón macizo amargo.
Es como un espresso en forma de chocolate. Te da foco, te despierta el paladar y no interrumpe. Ideal para acompañar el trabajo, la lectura o un momento de reflexión. Además, su sabor directo ayuda a mantenerte alerta sin empalagar.


Si querés darte un mimo…

Elegí un bombón relleno con dulce de leche, licor o crema.
Son reconfortantes, suaves, envolventes. Como un abrazo en forma de bocado. Perfectos para esos momentos en que querés bajarle el ritmo al día o premiarte por algo bien hecho.


Si necesitás claridad o despejar la cabeza…

Bombón macizo de chocolate con leche.
Es simple, sin sobresaltos, suave y equilibrado. El dulzor justo. Ideal para acompañar un té de media tarde, una caminata o una charla tranquila.


Si estás con alguien que querés sorprender…

Elegí un bombón relleno inesperado.
De frutos rojos, licor de naranja o incluso con una capa crujiente escondida. Esos bombones que cuentan una historia. Sorprenden, generan conversación, y dejan un recuerdo.


Si estás con poco tiempo pero necesitás algo real…

Bombón macizo, pequeño, de alta pureza.
No necesita explicación. Lo mordés, lo disfrutás y seguís. Es concentración de sabor en un gesto breve. Como un buen mensaje corto, pero que dice mucho.


En el fondo, elegir entre un bombón macizo o uno relleno no es solo una decisión gastronómica, es emocional. Y cuanto más aprendés sobre vos, más afinado se vuelve tu paladar.

Así que la próxima vez que te pares frente a una caja de bombones, no pienses solo en el sabor. Preguntate cómo estás hoy. Y dejá que el chocolate te conteste.

Cómo saber si un bombón macizo es de buena calidad… sin morderlo

bombon macizo redondo

Hay algo que todos queremos evitar: morder un bombón que parece prometedor por fuera, y descubrir que es decepcionante por dentro. Pero… ¿se puede saber si un bombón macizo es de buena calidad antes de probarlo? La respuesta es sí. Si sabés en qué detalles mirar, tus ojos (y tus dedos) pueden darte más información de la que creés.

1. El brillo es una pista clara

Un buen bombón macizo debe tener un brillo suave y parejo. No debe parecer opaco ni grasoso. Un bombón que no brilla puede haber sido mal templado o estar envejecido. Y si ves manchas blancas o grisáceas, eso suele ser grasa o azúcar que migró a la superficie: el famoso “bloom”, que no hace daño, pero arruina la textura.

2. El color también dice mucho

En chocolates oscuros, el color debe ser marrón profundo, ni muy negro (lo que a veces indica chocolate recalentado o quemado) ni rojizo artificial. En chocolates con leche, buscá un color suave y cálido, no apagado. En el blanco, evitá los amarillentos: pueden ser viejos o mal conservados.

3. La forma importa (más de lo que creés)

Un bombón bien hecho tiene bordes definidos, líneas limpias y una forma clara. Si ves que está deformado, derretido en los bordes o con base desigual, eso ya te dice que fue manipulado o conservado de forma poco cuidada.

4. Tacto: firme, pero no duro

Tocalo con suavidad (si es tuyo, claro). Un bombón macizo de calidad es firme al tacto, no blando ni pegajoso. Si se derrite al sostenerlo unos segundos, es señal de chocolate con exceso de azúcar o poca manteca de cacao real. Y si está demasiado duro, es probable que se haya pasado de temperatura en la elaboración.

5. Escuchalo

Sí, escuchalo. Si lo partís con los dedos o lo apoyás sobre un plato y hacés una leve presión, el chocolate debería quebrarse con un pequeño “clic” limpio, no con un sonido apagado o desgranado. Ese quiebre fino es una de las mejores pistas de que está bien hecho.

6. El olor dice más de lo que parece

Acercalo a tu nariz antes de morder. Un bombón de buena calidad huele a chocolate, a cacao, incluso a frutos secos o vainilla si es con leche. Si no huele a nada, es mala señal. Si huele raro (plástico, alcohol, humedad), ni lo pruebes.


En resumen: mirá, tocá, olé, y escuchá antes de morder. Elegir un bombón macizo no es solo cuestión de marca o empaque bonito. Es aprender a observar. A desarrollar el paladar incluso antes de probar.

Porque un buen bombón empieza a disfrutarse con los ojos… y uno realmente excelente, se adivina desde antes de abrir la caja.

Por qué elegir un bombón macizo y no uno relleno?

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Si alguna vez te preguntaste por qué algunos bombones son completamente de chocolate y otros tienen cremas, licores o frutas adentro, este artículo es para vos. No se trata solo de una diferencia de relleno: se trata de dos experiencias totalmente distintas.

El bombón macizo es el más directo de todos. Lo que ves es lo que hay. Es chocolate puro, sin distracciones. Su fuerza está en la simplicidad: una sola textura, un solo sabor que se desarrolla lentamente en la boca. No explota, no sorprende con contrastes. En lugar de eso, se deja descubrir con cada mordida.

¿Pero por qué elegir un bombón macizo por sobre uno relleno? Porque a veces lo que uno busca no es complejidad, sino profundidad. El bombón relleno juega con capas, combinaciones, sorpresas. El macizo, en cambio, te invita a concentrarte solo en el chocolate: en su aroma, en cómo se quiebra, en cómo se funde.

Otro punto a favor: el bombón macizo dura más en boca. Al no haber relleno que se escape o se desarme, lo podés dejar disolver lentamente, percibiendo todos los matices del chocolate. Si es un buen chocolate, esto se disfruta mucho más que una explosión rápida de sabor.

Además, no todos los rellenos están bien hechos. A veces un relleno desequilibra o tapa el sabor del chocolate. En cambio, un bombón macizo bien elegido es garantía de calidad. Si una chocolatería se toma el trabajo de hacer bombones macizos con buen chocolate, probablemente se preocupe por todo lo demás también.

¿Y qué hay del dulzor? Curiosamente, muchos bombones macizos —especialmente si están hechos con chocolate amargo— son menos dulces que los rellenos con ganache, dulce de leche o crema. Por eso, son muy buscados por quienes prefieren sabores más equilibrados, adultos o intensos.

En resumen: no es que uno sea mejor que el otro. Es cuestión de qué buscás en ese momento. Si querés variedad, sorpresa o juego de texturas, un bombón relleno es ideal. Pero si lo que querés es una experiencia de chocolate en estado puro, sin rodeos, sin decoración, entonces el bombón macizo es tu elección.

Y una vez que encontrás uno bueno, con el punto justo de cacao y esa textura que se quiebra limpia y firme… ya no hay vuelta atrás.

¿Se puede saber si un bombón es macizo solo con mirarlo?

bombon macizo de chocolate

Muchos lo intuyen, pocos lo saben con certeza. ¿Podés identificar un bombón macizo sin probarlo? ¿Hay señales visuales, táctiles o sonoras que delaten si tiene relleno o no? Definitivamente sí. El chocolate, cuando está bien trabajado, habla. Solo hay que saber escucharlo.

La primera pista es la forma y el volumen. Los bombones macizos suelen ser más pequeños o más compactos que los rellenos, porque el contenido interno también es chocolate y no hay que dejar espacio para ganache o licor. Tienden a ser más bajos, con líneas más nítidas y sin señales de unión entre base y cobertura.

El segundo indicio es el peso relativo. Si tenés una caja mixta y levantás dos bombones de tamaño similar, el macizo suele sentirse más pesado, más denso. Es una diferencia sutil, pero perceptible con práctica. Esto se debe a que está lleno en su totalidad, mientras que uno relleno puede tener cámara de aire o núcleo blando.

Luego viene el brillo. Aunque tanto macizos como rellenos pueden tener superficies brillantes si están bien templados, en los bombones macizos el brillo tiende a ser más uniforme. No hay marcas internas que lo alteren, ni pequeñas curvaturas que puedan deformarse por la presión del relleno.

Pero hay una pista más interesante todavía: el sonido. Sí, el sonido. Cuando golpeás levemente un bombón macizo sobre la mesa (siempre con cuidado), el sonido que hace es más seco y compacto. Un bombón relleno, en cambio, suele tener un sonido más sordo o hueco. No es una técnica infalible, pero a muchas veces funciona.

El tacto también aporta. Si presionás muy suavemente la superficie de un bombón (sin deformarlo), el macizo ofrece más resistencia. El relleno cede más rápido. Eso sí: este gesto se reserva para cuando el bombón es tuyo. No lo hagas con uno en una bandeja de regalo o mostrador, claro.

Por último, si el bombón está cortado o mordido (como en una cata o degustación), la diferencia se vuelve evidente: el macizo tiene una textura uniforme, sin capas, sin núcleos diferenciados. El corte es limpio, parejo, sin desplazamientos.

Entonces, ¿se puede saber si un bombón es macizo sin morderlo? En muchos casos, sí. Con la vista, el tacto, el peso y hasta el oído, un bombón nos da pistas claras sobre su interior. El ojo entrenado lo nota. Y eso también es parte del placer: descubrir, anticipar, aprender a leer el chocolate antes de saborearlo.

Porque en bombonería, como en muchas cosas de la vida, lo esencial no siempre es invisible a los ojos. A veces, está ahí, esperando que lo sepamos ver.

Cómo moldear bombones macizos sin errores

macizos bombones

Si hay una prueba de fuego en bombonería, es el moldeado de bombones macizos. Puede parecer sencillo —llenar un molde con chocolate y listo—, pero la realidad es que lograr una pieza perfecta, sin burbujas, sin manchas y con un quiebre nítido, requiere atención en cada etapa.

Cuando un bombón es macizo, no hay relleno que compense una cobertura mal hecha ni sabor que disimule una textura defectuosa. Por eso, moldear bien es tan importante como usar un buen chocolate. Y como profesor de bombonería, te puedo asegurar: dominar esta técnica vale oro.

El primer paso es el templado correcto del chocolate. Sin un buen templado, no hay bombón macizo que luzca bien. El templado asegura que el chocolate cristalice de forma estable, dando brillo, firmeza y una textura que se quiebra sin desgranarse. Cada tipo de chocolate tiene su curva de templado específica, y es vital respetarla. No se trata de una sugerencia: es una necesidad técnica.

Una vez que el chocolate está templado, el siguiente paso es preparar el molde. Usar moldes limpios, secos y con buen brillo interno es clave. Cualquier resto de humedad o grasa va a transferirse al chocolate y estropear el resultado. Por eso siempre se recomienda limpiar los moldes con algodón seco o alcohol de grado alimenticio antes de usarlos.

El vertido del chocolate debe hacerse con decisión. No hay que dudar ni dejar caer el chocolate a chorros. Se llena el molde de una sola vez, se alisa con espátula, y lo más importante: se golpea sobre la mesa para eliminar burbujas. Este paso es tan fundamental como el templado. Las burbujas de aire pueden parecer un detalle menor, pero cuando desmoldás el bombón y ves un cráter en la superficie, sabés que arruinaron todo el trabajo.

Después de llenar y golpear, se deja cristalizar a temperatura ambiente (ideal entre 18 °C y 22 °C), sin humedad y sin heladera. Si el ambiente está más cálido, podés llevarlo a una cava o sector frío, pero no al refrigerador. El frío de heladera genera condensación, y eso arruina el brillo y la textura.

Una vez cristalizado, se desmolda. Si el templado fue correcto, el bombón se va a desprender solo. No hay que forzarlo ni empujar desde atrás: el chocolate se contrae al enfriarse, y eso lo separa del molde naturalmente.

Y acá viene un detalle final que a veces se pasa por alto: el acabado. Un bombón macizo bien hecho no necesita decoraciones para impactar. Su brillo, su forma limpia y su textura perfecta son suficientes. Pero si querés sumar valor, podés pintar el molde antes de verter el chocolate, aplicar un ligero toque de polvo dorado, o usar moldes con relieve.

El bombón macizo es una pieza de precisión. No admite atajos ni improvisaciones. Pero cuando se hace bien, transmite algo que ningún relleno puede igualar: la nobleza del chocolate en estado puro, trabajado con respeto y conocimiento.

Y eso, en el mundo de la bombonería, es lo más cerca que podemos estar de la perfección.

Tipos de chocolate usados en bombones macizos

bombon macizo

Cuando hablamos de bombones macizos, hablamos de chocolate en estado puro. Sin relleno, sin atajos, sin distracciones. Eso hace que la elección del chocolate sea absolutamente decisiva. No hay espacio para esconder errores: el protagonista es uno solo, y debe estar a la altura.

Lo primero que debe entender quien se inicia en la bombonería es que no todos los chocolates son iguales. Existen diferencias técnicas, sensoriales y de comportamiento que hacen que no cualquier tableta o cobertura sirva para elaborar un buen bombón macizo. Y eso empieza con la base: el tipo de chocolate.

Los tres grandes grupos son conocidos: chocolate amargo (o negro), chocolate con leche, y chocolate blanco. Pero dentro de cada categoría hay matices enormes, que inciden directamente en la textura final, el sabor y la experiencia que queremos lograr.

El chocolate amargo, por ejemplo, es el favorito entre quienes buscan un bombón intenso, elegante y con perfil adulto. Se trabaja normalmente con porcentajes de cacao entre el 60 % y el 75 %, aunque algunos bomboneros llegan hasta el 85 %. A mayor porcentaje, menor dulzor y mayor presencia de notas de tostado, madera o incluso tabaco. En bombonería fina se suele usar chocolate de origen único (single origin), que expresa las características del cacao según su procedencia: floral, cítrico, terroso o frutal.

El chocolate con leche ofrece una textura más cremosa y un sabor más accesible al paladar general. Se trabaja con porcentajes de cacao más bajos (entre el 30 % y el 45 %), y una combinación de leche en polvo, azúcar y manteca de cacao. Al ser más dulce, suele gustar más al público infantil o a quienes buscan una sensación suave, casi golosa. En bombones macizos, da buenos resultados cuando se equilibra el espesor de la capa para que no resulte empalagoso.

El chocolate blanco, aunque técnicamente no contiene sólidos de cacao, también tiene su lugar en bombones macizos. Se elabora con manteca de cacao, leche y azúcar. Su perfil es dulce y lácteo, y su uso en bombonería requiere un especial cuidado en el templado, porque es más sensible al calor. El resultado puede ser excelente cuando se combina con toques de cítricos, vainilla o incluso sal marina.

Además de estas tres categorías básicas, en bombonería avanzada se pueden usar chocolates con inclusiones: trocitos de almendra, sal, cáscaras confitadas, especias. Pero siempre que la inclusión sea seca y esté bien integrada, sin romper la textura de la pieza.

Un capítulo aparte merece el chocolate de cobertura profesional, como los que ofrecen marcas especializadas (Valrhona, Callebaut, Cacao Barry, entre otras). Estos chocolates están formulados para trabajar con precisión: tienen un contenido de manteca de cacao ideal para moldear, desmoldar y conservar. También funden de manera pareja, lo que es clave para lograr bombones brillantes y con quiebre perfecto.

Y finalmente, un detalle que no es menor: el origen del chocolate define la identidad del bombón. No es lo mismo un chocolate de Ecuador que uno de Madagascar o Perú. Si el bombón va a ser macizo, vale la pena invertir en un chocolate que diga algo por sí solo.

Porque en el fondo, elegir el chocolate correcto no es una decisión técnica: es una decisión de carácter. Es la voz del bombonero diciendo “esto es lo que quiero que sientas”. Y en los bombones macizos, esa voz suena fuerte y clara.

¿Qué define a un bombón macizo?

bombon macizo

Cuando hablamos de bombonería, uno de los conceptos más simples —pero también más incomprendidos— es el del bombón macizo. A simple vista parece obvio: es un bombón sin relleno. Pero detrás de esa aparente sencillez hay una técnica muy precisa, una intención clara y una lógica de sabor que todo amante del chocolate debería conocer.

Un bombón macizo es aquel cuya estructura está compuesta enteramente por chocolate sólido. No contiene rellenos cremosos, líquidos ni texturas diferenciadas en su interior. La experiencia sensorial se apoya completamente en el tipo de chocolate utilizado, su forma, grosor y temperatura al momento de la degustación.

La clave de un buen bombón macizo está en el templado perfecto del chocolate. Al no haber relleno que distraiga o complemente, cualquier defecto en la textura o el sabor se hace evidente. Por eso, los bombones macizos exigen una ejecución impecable. El chocolate debe tener brillo, un quiebre limpio y fundirse en la boca con suavidad, sin sensación cerosa ni granos.

Otro aspecto importante es la proporción. Un bombón macizo demasiado grueso puede resultar pesado o empalagoso. Uno demasiado fino, en cambio, puede romperse o carecer de impacto. Encontrar el equilibrio justo entre forma, tamaño y espesor es parte del arte del bombonero.

La selección del chocolate también es crucial. El tipo de cacao, su porcentaje, el nivel de dulzor y el origen pueden transformar por completo la experiencia. Un bombón macizo de chocolate con leche, por ejemplo, ofrece una sensación suave y dulce, mientras que uno de chocolate amargo resalta matices más complejos y elegantes. En bombonería gourmet, incluso se trabaja con chocolates single origin que expresan características propias del terroir, igual que ocurre con el vino.

Aunque suelen asociarse a la producción industrial (por su simpleza y durabilidad), los bombones macizos tienen también un lugar importante en la bombonería artesanal. Pueden ser moldeados con formas creativas, pintados a mano o combinados en cajas que equilibran la intensidad del chocolate puro con otras opciones más dulces o rellenas.

El bombón macizo también es, en cierto modo, el test de fuego del buen chocolate. Cuando uno quiere comprobar la calidad de un chocolate —su aroma, su fundencia, su textura— nada mejor que probarlo solo, en un bombón sin nada que lo camufle.

En un mundo donde cada vez se agregan más ingredientes, coberturas, decoraciones y sabores artificiales, el bombón macizo sigue siendo un homenaje a lo esencial. A lo puro. Al respeto por el cacao. Y para quienes amamos el chocolate en serio, sigue siendo uno de los bocados más auténticos y reveladores.

Alfajores de algarroba y centeno

alfJORES DE ALGARROBA

Una opción integral, sin cacao ni azúcar refinada

Ideales para quienes buscan un dulce casero con ingredientes nobles, de sabor terroso y suavemente dulce. La algarroba aporta color y aroma, mientras que el centeno le da cuerpo y un toque rústico.


Ingredientes (para 12 alfajores medianos)

Para la masa:

  • 100 g de harina de centeno fina
  • 80 g de harina integral
  • 50 g de harina de algarroba
  • ½ cucharadita de polvo de hornear
  • 1 pizca de sal
  • 80 g de azúcar mascabo o 3 cucharadas de miel
  • 60 ml de aceite vegetal (girasol, coco neutro o similar)
  • 1 huevo
  • 1 cucharadita de esencia de vainilla
  • 2 a 3 cucharadas de agua si es necesario para unir

Para el relleno:

  • Dulce de leche (light o común)
  • Mermelada de ciruela, naranja o higo (opcional para versión vegana)

Decoración (opcional):

  • Coco rallado
  • Semillas tostadas
  • Baño fino de chocolate amargo o algarroba disuelta en aceite

Preparación paso a paso

  1. En un bowl, mezclá las harinas, la algarroba, el polvo de hornear y la sal.
  2. En otro recipiente, mezclá el huevo, el aceite, el endulzante y la vainilla.
  3. Incorporá los ingredientes secos a los húmedos y uní la masa sin amasar. Agregá un chorrito de agua solo si está muy seca.
  4. Dejá reposar 15 minutos tapada para que hidrate.
  5. Estirá sobre papel manteca a 0,5 cm de espesor.
  6. Cortá círculos de 5 cm.
  7. Horneá a 170 °C durante 10-12 minutos. Dejá enfriar bien.
  8. Rellená con dulce de leche o mermelada espesa.
  9. Uní las tapas y decorá con coco, semillas o un baño fino de algarroba.

Consejos

  • La algarroba no necesita endulzantes fuertes: su sabor es naturalmente dulce.
  • Si usás solo harina de centeno, los alfajores quedarán más densos. Equilibrá con integral o avena.
  • También podés hacerlos sin huevo, reemplazándolo con puré de banana o chía activada.

Resultado final

Alfajores oscuros, con sabor profundo y textura suave. Una opción saludable y distinta, ideal para quienes aman lo natural, lo integral y lo artesanal.

Alfajores de lentejas: nutritivos y sin harina refinada

Alfajores de lentejas

Una versión innovadora del alfajor clásico. Rica en fibra y proteínas vegetales, sin manteca ni harinas refinadas. El sabor de la lenteja queda perfectamente disimulado entre el cacao y el relleno dulce.


Ingredientes (para 10 alfajores medianos)

Para la masa:

  • 1 taza (150 g) de lentejas cocidas (bien escurridas)
  • 1 huevo
  • 2 cucharadas de aceite de coco o girasol
  • 3 cucharadas de azúcar mascabo, miel o sirope
  • 2 cucharadas de cacao amargo
  • 2 cucharadas de avena molida o harina de avena
  • 1 cucharadita de esencia de vainilla
  • ½ cucharadita de polvo de hornear
  • 1 pizca de sal

Para el relleno:

  • Dulce de leche repostero
  • Pasta de maní o crema de cacao saludable

Para decorar (opcional):

  • Chocolate cobertura
  • Coco rallado, cacao, o nueces picadas

Preparación paso a paso

  1. Procesá las lentejas cocidas hasta que estén bien trituradas, sin grumos.
  2. Agregá el huevo, el aceite, el endulzante y la vainilla. Procesá de nuevo.
  3. Sumá el cacao, la avena molida, el polvo de hornear y la sal. Mezclá hasta lograr una masa espesa pero moldeable.
  4. Estirá la masa entre dos papeles manteca (0,5 cm de espesor) y llevá al freezer 15 minutos para facilitar el corte.
  5. Cortá círculos con un cortante o vaso chico.
  6. Horneá en horno precalentado a 170 °C durante 10 a 12 minutos sobre placa enmantecada o con papel manteca.
  7. Enfriá completamente.
  8. Rellená con dulce de leche o pasta de maní, uní las tapitas y decorá a gusto.

Consejos

  • Usá lentejas neutras: cocidas solo con agua, sin sal ni especias.
  • El sabor no es a legumbre: el cacao y el relleno lo dominan completamente.
  • También podés hacerlos en formato mini, tipo snack saludable.

Resultado final

Alfajores húmedos, suaves y muy nutritivos. Una fusión entre repostería y alimentación consciente, ideal para quienes buscan cuidar su dieta sin resignar sabor.

Alfajores sin manteca (versión con aceite o puré de frutas)

alfajor sin manteca

Una alternativa saludable y fácil al alfajor clásico, sin usar manteca ni derivados animales. Se pueden hacer con aceite neutro o con puré de frutas como reemplazo graso. La textura es suave, y el sabor, delicado.


Ingredientes (para 12 alfajores medianos)

Versión con aceite (más tradicional):

  • 80 ml de aceite neutro (girasol, maíz o coco refinado)
  • 80 g de azúcar o azúcar mascabo
  • 1 huevo
  • 1 cucharadita de esencia de vainilla
  • 150 g de harina 0000
  • 80 g de almidón de maíz (maicena)
  • ½ cucharadita de polvo de hornear
  • 1 pizca de sal

O versión con puré de frutas (más ligera):

  • 80 g de puré de banana madura o manzana cocida
  • 80 g de azúcar
  • 1 huevo
  • Esencia de vainilla
  • Misma base seca: harina, maicena, polvo de hornear y sal

Relleno:

  • Dulce de leche repostero
  • También podés usar mermelada espesa, pasta de dátiles o pasta de maní

Decoración (opcional):

  • Coco rallado, cacao, chocolate sin manteca

Preparación paso a paso

  1. Mezclá el aceite (o el puré de frutas) con el azúcar hasta que esté bien integrado.
  2. Agregá el huevo y la esencia de vainilla.
  3. Tamizá los ingredientes secos y sumalos a la mezcla. Uní con espátula o a mano.
  4. Si la masa está muy blanda, refrigerala 30 minutos.
  5. Estirá a 0,5 cm de espesor y cortá círculos de 5 cm.
  6. Horneá en horno precalentado a 170 °C durante 10 a 12 minutos.
  7. Enfriá completamente y armá los alfajores con el relleno elegido.
  8. Opcional: pasá los bordes por coco rallado o espolvoreá con azúcar impalpable.

Consejos

  • El aceite le da una textura más crujiente; el puré, una miga más húmeda.
  • Si usás banana, sabrán un poco a banana. Con manzana, quedan más neutros.
  • Se conservan 3 a 4 días a temperatura ambiente, en frasco cerrado.

Resultado final

Alfajores simples, livianos y sin manteca, ideales para quienes buscan una opción saludable, vegana o sin lácteos. Fáciles de hacer y muy versátiles.

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