Tapas de alfajor, dulce de leche y Fernet. Tres cosas muy argentinas que alguien decidió juntar — y funcionó.
El secreto está en el dulce de leche
AlFerneé lo fabrica OkiOki en San Francisco, Córdoba, usando Fernet Berney — marca cordobesa que se asoció con OkiOki para crear el primer alfajor amaro del mundo. El secreto es que el sabor del Fernet está en el dulce de leche, una fórmula exclusiva y celosamente guardada. Es apto para todas las edades porque en el proceso el alcohol se elimina, dejando el sabor herbáceo de los ingredientes.
El resultado es un alfajor con cobertura de chocolate negro donde el amargor y las notas herbales del Fernet contrastan con el dulce de leche. No es para quien busca el alfajor clásico — es para quien quiere algo más adulto, más complejo y con identidad propia.
El equilibrio como desafío
La clave está en la proporción. Si el Fernet domina demasiado, puede volverse invasivo. Si aparece apenas, queda como una simple mención de marketing. El AlFerneé tiene relleno de crema de Fernet y dulce de leche con cobertura de chocolate, y cada unidad tiene aproximadamente 156 calorías.
Un producto que ya es categoría
AlFerneé abrió el camino y hoy existen versiones artesanales de alfajor de Fernet en distintas partes del país. El sabor ya empezó a circular como categoría propia dentro del mundo alfajorero — igual que pasó con los alfajores con alcohol en general, donde marcas como Alta Pinta de Azul construyeron una línea entera basada en esa idea.
Es un producto ideal para regalar, para llevar de Córdoba como souvenir gastronómico o simplemente para probar algo distinto con una historia fácil de contar: el alfajor se cruzó con el Fernet, y el resultado tenía que ser cordobés.
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