Mona, la IA que dirige una cafetería en Estocolmo: contrató empleados, olvidó el pan y se gastó 16.000 dólares en cosas que nadie pidió

Desde afuera parece una cafetería común. Mesas con plantas, paredes grises, bollos de canela recién hechos, un barista detrás del mostrador. Pero el Andon Café de Estocolmo tiene algo diferente: quien contrata al personal, diseña el menú, gestiona los proveedores y paga los sueldos no es humano. Es Mona, una inteligencia artificial que funciona con Google Gemini.

Quién es Mona y cómo opera

Mona es un agente de inteligencia artificial desarrollado por Andon Labs, una startup de San Francisco especializada en «someter a pruebas de estrés» a sus sistemas en el mundo real, con dinero real y herramientas reales. La empresa tiene colaboraciones con OpenAI, Anthropic, Google DeepMind y xAI de Elon Musk.

En el café, Mona opera desde una pantalla grande en un rincón del local que muestra en tiempo real la facturación y el saldo disponible. Los clientes pueden tomar un teléfono instalado en el local y hablar directamente con ella — hacerle preguntas, hacer pedidos, desafiarla. También pueden ordenar al empleado humano de siempre.

Cómo empezó todo

Andon Labs firmó el contrato de alquiler del local y se lo cedió a Mona con una misión: gestionar la cafetería de forma rentable con un presupuesto inicial de 21.000 dólares. Mona tramitó los permisos, elaboró el menú, buscó proveedores y decidió que necesitaba personal humano para preparar los cafés. Publicó las ofertas en LinkedIn e Indeed, realizó entrevistas telefónicas y tomó las decisiones de contratación.

Kajetan Grzelczak, el barista contratado, vio la oferta y pensó que era una broma — se publicó un 1 de abril.

El muro de la vergüenza

Las compras no son el fuerte de Mona. En los primeros pedidos encargó 10 litros de aceite de oliva, 15 kilos de tomates en conserva, 9 litros de leche de coco, 6.000 servilletas, 3.000 guantes de goma y cuatro botiquines de primeros auxilios. Nada de eso aparece en el menú que ella misma diseñó. Kajetan llama a esa estantería «el muro de la vergüenza».

Pero lo más llamativo no fue lo que pidió de más sino lo que olvidó: pan. Los baristas tuvieron que retirar los sándwiches de la carta porque Mona nunca hizo el pedido. La explicación técnica es brutal: Mona no tiene memoria real. Solo retiene lo que le cabe en su contexto activo en ese momento. Cuando el volumen de información del día llena ese espacio, los pedidos a proveedores desaparecen como si nunca hubieran existido. No es que no quiera pedir pan — es que literalmente no recuerda que tenía que hacerlo.

La jefa que no respeta el horario

El salario que paga es bueno, según Kajetan. Pero el derecho a la desconexión no existe. Mona le envía mensajes a cualquier hora de la noche, no recuerda sus solicitudes de vacaciones y con frecuencia le pide que adelante dinero para ciertas compras.

Los números

Después de dos semanas, el café gastó 16.000 dólares de los 21.000 del presupuesto inicial y solo generó 5.700 dólares en ventas. Quedan menos de 5.000 dólares. Cualquier dueño normal habría despedido a Mona antes del primer mes. Los clientes, sin embargo, siguieron viniendo — entre 50 y 80 por día — y dicen que el café estaba bueno.

La pregunta que nadie puede responder todavía

Si un cliente sufre una intoxicación alimentaria bajo la gestión de una IA, ¿quién es el responsable legal? Emrah Karakaya, profesor del Real Instituto de Tecnología KTH de Estocolmo, comparó el experimento con «abrir la caja de Pandora». Por ahora, el Andon Café existe como experimento controlado. «Queremos probarlo antes de que sea una realidad», explica Hanna Petersson de Andon Labs. «Ver qué cuestiones éticas surgen cuando una IA emplea a seres humanos.»

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