miércoles, junio 10, 2026

Mito o realidad: ¿No se puede tomar café a la tarde?

cafecito
cafecito

Una frase muy repetida es: “Yo después de las 5 no puedo tomar café porque no duermo”. Para algunos, eso suena a exageración. Para otros, es una regla inviolable. Pero ¿qué tan cierto es que el café a la tarde arruina el descanso? ¿Es un efecto universal o un mito convertido en costumbre?

Lo cierto es que no existe una hora “prohibida” universal para tomar café, pero sí existen hábitos, creencias familiares y costumbres culturales que generaron esta idea. En muchas casas argentinas, la merienda con café es algo cotidiano y no genera insomnio. En otras, en cambio, se evita después de las 18:00 como si fuera una norma médica.

En realidad, la idea de que no se puede tomar café a la tarde es un mito relativo: para algunas personas es real, para otras no. Hay quienes pueden tomar un espresso doble a las 10 de la noche y dormir como si nada, y hay quienes sienten los efectos incluso con un café suave después de las 17:00.

La diferencia está en la tolerancia individual, el tipo de café y el contexto. Por ejemplo, un ristretto tiene menos cafeína que un café filtrado largo. Un café con leche tiene menos impacto que un cold brew concentrado. Y por supuesto, no es lo mismo tomar café viendo televisión tranquilo que trabajando o viajando.

Muchas veces, el “efecto mental” de creer que el café te va a desvelar es más fuerte que el efecto real de la bebida. Esto se conoce como efecto nocebo: cuando el cuerpo reacciona por sugestión negativa. Así, algunas personas se autoprohíben el café de tarde por temor a no poder dormir, incluso si en realidad tolerarían perfectamente una taza.

También hay factores culturales. En países como Italia o Francia, el café después de cenar es algo común. En cambio, en otras culturas se asocia solo con el desayuno o el trabajo. Es decir, no hay una única verdad, sino muchas creencias arraigadas.

Conclusión: tomar café a la tarde no es “malo” ni está prohibido. Depende de tu cuerpo, tu rutina y tu forma de vivir el café. Y si un día sentís que una taza después de merendar te activa demasiado, siempre podés optar por un descafeinado o un café suave sin renunciar al ritual.

Este artículo es informativo y no tiene fines médicos. Cada persona puede observar su respuesta y elegir cómo y cuándo disfrutar su café.

¿Tomar café en ayunas hace mal?

cafe y ayuno
cafe y ayuno

Una de las advertencias más comunes en la cultura popular es que “el café en ayunas hace mal al estómago”. Muchos creen que tomar café sin haber comido nada puede causar acidez, irritar la mucosa gástrica o incluso dañar el hígado. Pero, ¿qué hay de cierto en esto? ¿Es un mito o una precaución válida?

En realidad, el café por sí solo no es perjudicial para el estómago en personas sanas. Su consumo en ayunas puede generar cierto malestar en individuos sensibles, pero no se trata de una regla general. El café es una bebida naturalmente ácida, lo que puede estimular la producción de ácido gástrico, sobre todo en personas con tendencia a sufrir gastritis, reflujo o acidez.

En estos casos, tomar café sin haber ingerido alimentos puede potenciar esa sensación de ardor, distensión o dolor abdominal. Sin embargo, esto depende de la tolerancia individual, el tipo de café, la forma de preparación y la cantidad consumida. Por ejemplo, el café espresso suele ser menos ácido que uno filtrado mal preparado.

Hay estudios que sugieren que el café no causa úlceras ni gastritis en personas sanas, ni aumenta el riesgo de daño gástrico, pero sí puede empeorar síntomas preexistentes. También es importante tener en cuenta que el efecto del café en el estómago varía si se consume con leche, crema o alimentos sólidos, que tienden a amortiguar su impacto.

Por otro lado, muchas personas incorporan el café como parte de su rutina matutina sin presentar ningún síntoma. De hecho, en ciertas dietas o estilos de vida (como el ayuno intermitente), el café sin azúcar ni leche es permitido y bien tolerado.

Entonces, ¿conviene evitarlo? No necesariamente. Si no tenés molestias digestivas, podés tomar café en ayunas sin problema. Pero si experimentás síntomas como acidez o dolor, es preferible tomarlo con algo de comida o consultar con un profesional para evaluar tu caso.

Este artículo es solo informativo y no reemplaza el consejo médico. Si tenés antecedentes de gastritis, reflujo o problemas digestivos, consultá a tu médico antes de incorporar café en ayunas como hábito diario.

¿La cafeína deshidrata?

cafe y agua
cafe y agua

Durante años circuló la idea de que el café —por contener cafeína— deshidrata al cuerpo. Muchos profesionales de la salud recomendaban tomar un vaso de agua junto a cada taza de café, y algunos incluso consideraban al café un diurético al nivel de evitarse en climas calurosos o antes del ejercicio. Pero, ¿qué tan cierto es esto? ¿La cafeína realmente te quita más agua de la que aporta?

La realidad es que este mito tiene una base parcialmente cierta, pero mal interpretada. La cafeína tiene un efecto diurético leve, lo que significa que puede aumentar ligeramente la producción de orina, sobre todo en personas no acostumbradas a consumirla. Sin embargo, este efecto es transitorio y no significativo cuando el consumo es moderado y regular.

Numerosos estudios han demostrado que el café, incluso con cafeína, aporta líquidos al cuerpo y contribuye a la hidratación, al igual que el agua, el mate o las infusiones. La clave está en la acostumbramiento: en personas que toman café con frecuencia, el cuerpo regula la respuesta diurética y mantiene el equilibrio hídrico sin dificultad.

De hecho, una investigación publicada en 2014 en PLOS ONE comparó los efectos del café versus el agua sobre la hidratación y encontró que no hay diferencias significativas en los niveles de hidratación entre quienes consumen agua pura y quienes consumen café regularmente.

Otro punto importante es que la cantidad de líquido presente en una taza de café (normalmente entre 150 y 250 ml) supera por mucho la cantidad potencial de líquido eliminada por su efecto diurético. Es decir: al tomar café, no “perdés” agua. Al contrario, sumás.

En resumen: la cafeína no deshidrata en personas sanas que consumen café habitualmente. Si bien puede aumentar levemente la frecuencia urinaria, el café sigue siendo una fuente válida de hidratación. Por supuesto, no reemplaza al agua como bebida principal, pero no hay motivo para evitarlo por temor a deshidratarse.

Este artículo es solo informativo y no reemplaza el consejo profesional. Si tenés condiciones médicas que requieren control de líquidos o consumo limitado de cafeína, consultá siempre con tu médico.

¿El café descafeinado no tiene cafeína?

cafeina y cafe
cafeina y cafe

Muchas personas eligen café descafeinado creyendo que están tomando un producto completamente libre de cafeína. Sin embargo, esta idea es uno de los mitos más comunes en torno al café: la verdad es que el café descafeinado sí contiene cafeína, aunque en una cantidad significativamente menor.

Para entenderlo, primero hay que saber cómo se produce. El café descafeinado es un café que ha pasado por un proceso de eliminación de cafeína antes del tueste. Existen varios métodos para lograrlo, como el método por solventes (generalmente acetato de etilo o cloruro de metileno), el método con agua (Swiss Water Process), o la extracción con CO₂. Todos apuntan a reducir la cafeína sin alterar demasiado los compuestos de sabor.

Ninguno de estos procesos elimina el 100% de la cafeína. De hecho, un espresso de café descafeinado puede contener entre 2 y 7 miligramos de cafeína, y una taza de filtro, entre 5 y 15 mg, dependiendo del método de preparación, el tipo de grano y el proceso aplicado. En comparación, una taza de café regular puede tener entre 80 y 150 mg.

Esto significa que si una persona toma muchas tazas de descafeinado a lo largo del día, puede acumular una cantidad no despreciable de cafeína. En la mayoría de los casos, estas dosis no generan efectos notorios, pero en personas muy sensibles, o en contextos donde se requiere evitar la cafeína por completo (como en ciertos tratamientos médicos, trastornos del sueño o durante el embarazo), es importante tenerlo en cuenta.

Otro dato interesante es que no todos los cafés descafeinados tienen el mismo perfil de sabor. Algunas marcas logran conservar más los matices originales del grano, mientras que otras ofrecen un producto más plano o tostado intensamente para “tapar” posibles pérdidas de aroma durante el proceso.

En resumen, el descafeinado no es café sin cafeína, sino café con menos cafeína. Para la mayoría de las personas, esto es suficiente para evitar efectos como insomnio o nerviosismo. Pero si buscás una abstinencia total, hay que saber que algo —aunque poco— siempre queda.

¿La cafeína es adictiva como una droga?

cafe y la cafeina
cafe y la cafeina

Una de las afirmaciones más repetidas sobre el café es que “la cafeína es adictiva como cualquier droga”. Pero ¿qué tan cierta es esta idea? ¿Tomar café todos los días significa tener una adicción real o simplemente un hábito fuerte? Para responder, es importante distinguir entre adicción, dependencia y hábito, tres conceptos que muchas veces se confunden.

La cafeína es una sustancia psicoactiva —eso es indiscutible—, porque actúa sobre el sistema nervioso central. Su principal efecto es bloquear los receptores de adenosina, una molécula que promueve la sensación de cansancio. Al bloquearla, el cuerpo se siente más alerta, con más energía y concentración. Por eso, muchas personas consumen café para “despertarse” o rendir mejor en sus tareas diarias.

Ahora bien, ¿eso la convierte en una droga adictiva como la nicotina o la cocaína? No. La cafeína no genera dependencia física grave ni síndrome de abstinencia severo. En todo caso, puede producir una dependencia leve, caracterizada por el deseo de tomar café regularmente y por la aparición de molestias leves (como dolor de cabeza o fatiga) si se suspende de golpe en personas muy acostumbradas.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) no clasifica a la cafeína como una droga adictiva en términos clínicos. Tampoco se considera peligrosa en dosis moderadas. De hecho, la mayoría de los estudios concluyen que, hasta cierto nivel de consumo (unos 400 mg diarios para adultos sanos, equivalente a 3-4 tazas de café), la cafeína no representa riesgo para la salud y puede incluso tener beneficios cognitivos y metabólicos.

Además, hay un punto clave: la cafeína no deteriora la vida personal, social o laboral como otras sustancias adictivas. Tampoco genera comportamientos compulsivos, conductas de riesgo ni síndrome de abstinencia físico fuerte. Por eso, la ciencia actual prefiere hablar de «uso habitual» o «dependencia leve», en lugar de adicción.

En resumen: la cafeína no es adictiva en el sentido médico del término, aunque sí puede generar una cierta costumbre o necesidad funcional. Y como con cualquier sustancia que actúa sobre el cerebro, lo ideal es conocer cómo nos afecta, respetar los límites saludables y disfrutarla con consciencia.

Este artículo tiene fines informativos y no reemplaza el consejo médico profesional. Ante cualquier duda sobre el consumo de cafeína o su impacto en tu salud, consultá con tu médico de confianza.

El café en Mar del Plata – De Cabrales a una ciudad con cada vez más cafeterías

mar del plata cafes
mar del plata cafes

Mar del Plata no solo es la ciudad balnearia más emblemática de Argentina, también es un punto fundamental en la historia y evolución del café nacional. Hogar de Cabrales, una de las marcas más reconocidas y tradicionales del país, la ciudad supo construir una identidad cafetera propia, que hoy convive entre lo clásico y lo moderno.

Cabrales, fundada en 1941, fue mucho más que una empresa tostadora: se convirtió en sinónimo de café para varias generaciones. Desde su planta ubicada en el puerto marplatense, esta marca supo posicionarse como referencia en hogares, bares y restaurantes de todo el país. Su característico café fuerte y su diseño de lata metálica marcaron una época. Incluso hoy, su lema “Lo mejor del café” es parte de la memoria colectiva argentina.

Pero en las últimas décadas, Mar del Plata comenzó a vivir una transformación cafetera profunda. A la tradición de Cabrales se le sumaron nuevas cafeterías, tostadores independientes y baristas formados, que trajeron consigo el espíritu del café de especialidad y métodos alternativos.

En barrios como Güemes, Playa Grande, el centro o la zona de Constitución, aparecieron proyectos como La Tienda Café, Lutecia, De las Rosas, Oh My Coffee, Itaca, Mooi, La FOnde D Oro, Tostado Especialidad, entre muchos otros. Estos espacios combinan diseño, brunch, pastelería casera y, sobre todo, café de alta calidad, con orígenes trazables, tuestes específicos y atención personalizada.

Además, la ciudad cuenta con formaciones de barismo, catas abiertas, tostadores artesanales y un público cada vez más informado. Algunos de estos emprendimientos incluso trabajan con café verde importado directamente o con marcas nacionales de tostadores independientes.

Mar del Plata también mantiene vivo el espíritu de los bares tradicionales. Cafeterías con vista al mar, confiterías del centro y bares de hotel siguen ofreciendo café al estilo clásico, con leche espumosa, medialunas recién horneadas y mozos de toda la vida.

Hoy, la ciudad combina historia, presente y futuro del café argentino. Se puede tomar un Cabrales en taza de loza o un flat white en vaso de diseño, según el ánimo del día. Lo importante es que el café volvió a ser protagonista, en una ciudad que sabe disfrutarlo con vista al mar y con identidad propia.

El consumo de café en el interior del país – Córdoba, Mendoza, Rosario y más

cafe en el interior de argentina
cafe en el interior de argentina

Si bien Buenos Aires fue durante mucho tiempo el epicentro del consumo y evolución del café en Argentina, en los últimos años surgieron polos cada vez más activos en ciudades del interior del país, donde se consolidan cafeterías de especialidad, microtostadores y comunidades de consumidores curiosos.

Córdoba, por ejemplo, se convirtió en uno de los núcleos más importantes fuera de Capital. Con una población joven, universitaria y culturalmente inquieta, la ciudad adoptó con rapidez los métodos alternativos, el café de origen y las experiencias centradas en la calidad. Cafeterías como El Búho, Llantén, Café de la Plaza o Colectivo Experiencia impulsaron esta transformación.

En Rosario, el cambio también se hizo evidente. Aunque durante décadas dominó el café tradicional en bares de barrio, en los últimos cinco años aparecieron propuestas como Estación Café, Café Bichito, Cuenco o Carolina Café de Especialidad, que educan al público y fomentan una nueva forma de disfrutar la bebida. Incluso se organizan catas abiertas, talleres y ferias locales.

Mendoza, por su parte, supo integrar el café a su fuerte identidad gastronómica. En una provincia donde el vino es protagonista, el café de especialidad encontró un lugar en enotecas, mercados gourmet y cafeterías boutique como Nespresso Lab Mendoza, Hestia Coffee Bar, Bröd o Mit Espressobar. Muchas combinan café con pastelería fina, brunchs o experiencias sensoriales completas.

También en ciudades como La Plata, Mar del Plata, Neuquén, San Miguel de Tucumán, Bariloche y Salta, se nota el crecimiento de una escena cafetera distinta, con proyectos liderados por baristas formados, tostadores locales o emprendedores apasionados.

Un factor clave en esta expansión es la formación descentralizada: muchas escuelas de café ofrecen capacitaciones en formato online o presencial en otras ciudades, lo que permite que baristas y emprendedores del interior accedan al mismo nivel técnico que en Buenos Aires.

El consumidor también cambió: pide café filtrado, pregunta por el origen del grano, valora las leches vegetales y compara tuestes. Las redes sociales, el delivery y la venta online ayudaron a democratizar el acceso a café de calidad en todo el país.

Hoy, hablar de “el café argentino” ya no es hablar solo de Palermo o San Telmo. Las ciudades del interior tienen cada vez más peso en el mapa cafetero nacional, con identidad propia, propuestas sólidas y una comunidad que crece taza a taza.

Café y gastronomía argentina – Maridajes, postres y cartas que lo celebran

cafe con medialunas
cafe con medialunas

En Argentina, el café no se toma solo: casi siempre llega acompañado. Desde una medialuna hasta un alfajor, un flan casero o un tostado mixto, el café forma parte de una cultura de maridajes profundamente arraigada que mezcla tradición, sabor y momentos compartidos.

El maridaje más icónico, sin dudas, es el café con leche y medialunas. Este dúo, infaltable en desayunos y meriendas, es casi un ritual nacional. La combinación entre el dulzor de la masa hojaldrada y la suavidad láctea del café genera una experiencia redonda y reconfortante. En muchas confiterías porteñas, incluso, se ofrece el “combo desayuno” como estándar: una taza, dos medialunas y jugo.

Pero la lista es larga. El cortado con tostado de jamón y queso en pan lactal o pebete es otro clásico, sobre todo en almuerzos apurados o cafés de estación. En pastelería, el café suele acompañar postres como tarta de ricota, flan, budín, brownie o torta rogel, todos con altos contrastes de textura y dulzor.

En los últimos años, con la evolución del café de especialidad y la gastronomía contemporánea, el café comenzó a incorporarse también como ingrediente protagónico en platos y postres: mousses, cremas, reducciones, helados y licores caseros lo incluyen con mayor frecuencia. Algunos chefs lo integran en fondos oscuros, en marinadas o incluso en panes fermentados, buscando aprovechar su complejidad aromática y su amargor elegante.

La combinación de café con sabores típicos argentinos como dulce de leche, chocolate amargo, almendras, naranja o especias da lugar a maridajes armoniosos y potentes. En catas de café se suelen incluir estas notas para entrenar el paladar y reconocerlas en taza.

También crece el uso de café en coctelería de autor, con bebidas como espresso martini, affogato con whisky o tragos fríos con cold brew y almíbares caseros. La coctelería y la gastronomía gourmet ven al café como un ingrediente versátil y noble.

Además, muchas cafeterías de especialidad comenzaron a trabajar con pasteleros independientes, elevando el nivel de la oferta dulce que acompaña al café. Pastelería de fermentación lenta, budines con ingredientes locales, cookies de masa madre y bombonería artesanal son cada vez más frecuentes.

En resumen, el café en Argentina ya no es solo un final de comida o un complemento de sobremesa. Es parte de la identidad gastronómica nacional, tanto en su versión clásica como en sus nuevas formas. El desafío ahora es seguir explorando sin perder ese vínculo emocional que une al café con el sabor de casa.

Baristas argentinos – Formación, competencias y referentes actuales

barista
barista

En la Argentina, el rol del barista pasó en pocos años de ser desconocido a ser central en la escena del café de especialidad. Un barista no es simplemente quien sirve café: es quien interpreta el grano, lo prepara con técnica, y acompaña al cliente en la experiencia de la taza. Este cambio cultural fue clave para elevar el nivel de las cafeterías y profesionalizar la industria local.

Hasta hace una década, la formación en barismo era escasa y se aprendía en la práctica. Hoy, existen escuelas especializadas, cursos avalados por la SCA (Specialty Coffee Association) y capacitaciones constantes. Baristas argentinos viajan a ferias internacionales, compiten en torneos oficiales y vuelven al país con nuevas herramientas y conocimientos.

Entre las instituciones más reconocidas para formarse se encuentran Coffee Town Escuela, IACAF, La Escuela del Café de Fuego Tostadores, y otras propuestas más independientes pero muy activas en redes. La oferta incluye desde introducción al espresso hasta técnicas avanzadas de filtrado, sensorial, latte art y gestión de barra.

En paralelo, creció el número de competiciones nacionales, como el Campeonato Argentino de Baristas, Brewers Cup o Latte Art, organizadas por el capítulo local de la SCA. Estos eventos ayudan a visibilizar el talento local, consolidar carreras y generar comunidad. También funcionan como vitrinas para nuevos talentos y como espacio de aprendizaje colectivo.

Algunos referentes actuales del barismo argentino incluyen a profesionales como Lucas Ponce (ex campeón nacional), Daniel Rivera, Giuliana D’Adamo, Matías Biset y Macarena Beigbeder, entre otros. Además, muchos baristas también son tostadores, capacitadores o emprendedores que fundaron sus propias cafeterías.

Un aspecto interesante del barismo en Argentina es su diversidad: hay baristas que provienen del mundo gastronómico, otros del arte, la química o el diseño. Esta riqueza de perfiles aporta creatividad, sensibilidad y apertura al sector. También hay cada vez más mujeres baristas, rompiendo un espacio que fue históricamente masculino.

En la actualidad, ser barista en Argentina es mucho más que manejar una máquina de espresso: es educar al consumidor, transmitir pasión, cuidar los detalles y, en muchos casos, abrir camino en una industria que todavía está creciendo. La figura del barista, hoy más que nunca, es la cara visible del café de calidad.

Cafeterías de tercera ola en Buenos Aires – Evolución, guía y desafíos

cafeterias
cafeterias

Buenos Aires vivió una verdadera revolución en su escena cafetera con la llegada de la tercera ola del café, un movimiento global que propone tratar el café como un producto artesanal, con identidad de origen, cuidado en cada etapa y protagonismo del barista como profesional. Esta nueva mirada se hizo visible en las cafeterías que comenzaron a aparecer en barrios como Palermo, Villa Crespo, San Telmo, Recoleta y Colegiales.

A diferencia de los bares tradicionales, estas cafeterías adoptaron una estética más minimalista, atención personalizada y un menú centrado en el café como protagonista. Ofrecen cartas con orígenes específicos, métodos alternativos (V60, Chemex, Aeropress), y opciones de leche vegetal. La barra se volvió un espacio de diálogo, donde el barista recomienda, explica y comparte conocimientos con los clientes.

Marcas como Lattente, Lab, Cuervo, Negro, Coffee Town o Matilda se volvieron pioneras en este modelo, y fueron seguidas por muchas otras que entendieron que el público argentino estaba listo para dar un paso más en su relación con el café. Hoy, Buenos Aires cuenta con más de 300 cafeterías de especialidad y la tendencia sigue creciendo.

El éxito de estas cafeterías no se debe solo al café en sí, sino a la experiencia completa: ambientes cuidados, buena música, pastelería artesanal y propuestas para quedarse a trabajar, leer o simplemente pasar el rato. En muchos casos, el café se convierte en excusa para una experiencia de marca.

Sin embargo, este fenómeno también enfrenta desafíos: el alto costo del café verde importado, la dependencia del dólar, la formación profesional constante del personal, y la diferencia entre moda y cultura real. Algunos consumidores llegan atraídos por la estética sin valorar el producto en sí, lo que obliga a equilibrar accesibilidad y especialización.

Otro punto clave es la construcción de comunidad. Muchas de estas cafeterías generan vínculos con productores, tostadores y otros actores del ecosistema, organizan talleres, catas o eventos culturales. Así, dejan de ser solo un negocio para transformarse en espacios de difusión y educación.

El movimiento de la tercera ola consolidó a Buenos Aires como una de las capitales cafeteras de América Latina, y su éxito empieza a irradiarse a otras ciudades del país. Pero para sostener este crecimiento, hará falta seguir educando, profesionalizando y, sobre todo, respetando al café como lo que realmente es: una fruta con historia.

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