jueves, junio 11, 2026

Giesen Argentina: la ingeniería holandesa que impulsa el café de especialidad local

Giesen Argentina
Giesen Argentina

Aunque Giesen es una marca nacida en Holanda, su presencia en Argentina ha sido fundamental para el desarrollo del café de especialidad local. Giesen Coffee Roasters Argentina representa la llegada de tecnología de alta precisión a un mercado que, durante años, operó con maquinaria rudimentaria. Desde su desembarco, ha elevado el estándar del tueste profesional en el país.

Sus tostadoras, como los modelos W1, W6 y W15A, son reconocidas por su construcción robusta, su capacidad de replicar perfiles con exactitud y su interfaz digital intuitiva. Permiten controlar con precisión la temperatura, el flujo de aire, la velocidad del tambor y el tiempo de desarrollo, lo que las vuelve herramientas ideales tanto para microtostadores como para laboratorios de cata y entrenamiento.

En Argentina, Giesen no solo vende equipos, sino que asesora, capacita y acompaña a nuevos emprendimientos que quieren comenzar a tostar su propio café. Muchas de las marcas referentes del país —como FullCity, Lab y John & Joe— utilizan tostadoras Giesen por su confiabilidad, eficiencia energética y durabilidad.

Además, Giesen Argentina organiza workshops, eventos técnicos y jornadas de calibración, donde baristas, tostadores y dueños de cafeterías pueden conocer de cerca cómo mejorar la curva de tueste y ajustar sus recetas a los granos de cada cosecha.

Uno de los grandes aportes de Giesen al mercado local es su apuesta por la profesionalización: ya no basta con tener un buen grano, también es clave tener la herramienta adecuada para respetar y destacar su potencial.

En un país donde el café de especialidad crece año tras año, Giesen actúa como un verdadero motor silencioso: no tuesta, pero hace posible que muchos otros lo hagan mejor. Su presencia en Argentina es una puerta abierta a un tueste más técnico, más fino, y con estándares internacionales.

LAB Tostadores: café, ciencia y diseño al servicio del paladar

LAB Tostadores de cafe
LAB Tostadores de cafe

Ubicado en el corazón de Palermo, LAB Tostadores no es solo una cafetería: es un laboratorio urbano donde el café se experimenta, se analiza y se sirve con precisión quirúrgica. Desde su fundación, LAB apostó por profesionalizar la escena local del café de especialidad, combinando conocimiento técnico, diseño moderno y una fuerte identidad visual.

El corazón del proyecto es su microtostador, desde donde seleccionan granos verdes de distintas partes del mundo —Brasil, Colombia, Etiopía, Honduras y más—, y los tuestan en pequeños lotes para resaltar sus mejores atributos. Sus perfiles de tueste son meticulosos, con curvas controladas digitalmente, pero siempre guiados por catas que priorizan lo sensorial sobre lo puramente técnico.

Una de sus fortalezas es la consistencia en taza: tanto en sus locales como en sus envíos a todo el país, LAB ofrece un café con sabores limpios, equilibrados y repetibles, ideal para baristas y para hogares que quieren calidad sin sorpresas. Además, cuentan con opciones molidas a pedido según método (espresso, filtro, prensa francesa).

LAB también se caracteriza por su fuerte apuesta al diseño visual: desde los empaques hasta el interior de sus locales, todo transmite modernidad, orden y claridad. Esto no es casualidad, sino parte de su visión de comunicar que el café puede ser tan técnico y sofisticado como accesible y cotidiano.

Además de sus puntos de venta físicos, tienen una sólida tienda online, suscripciones mensuales y kits de inicio para quienes quieren adentrarse en el mundo del café de especialidad desde cero.

En 2025, LAB se encuentra expandiendo su presencia nacional con alianzas con cafeterías de otras provincias y trabajando en nuevas líneas de café experimental. Su lema es claro: tomar café no es un acto automático, es una decisión informada, y LAB está ahí para facilitarla.

Fuego Tostadores: el café como experiencia sensorial y narrativa

fuego tostadores de cafe
fuego tostadores de cafe

Fuego Tostadores nació en Buenos Aires como un proyecto joven, inquieto y profundamente comprometido con el café de especialidad. Desde sus inicios, apostaron por una propuesta que no solo buscaba ofrecer un buen café, sino también generar una experiencia sensorial completa, cargada de identidad, valores y un fuerte contenido emocional.

En Fuego, el café se trata con el mismo cuidado que una obra artesanal. Los granos se seleccionan de forma meticulosa, se tuestan por lotes pequeños y se registran perfiles de tueste con precisión. Usan equipos modernos con control digital de temperatura y flujo de aire, y cada curva de tueste se construye como si fuera una receta: con lógica, pero también con intuición.

Los packs de café se presentan con una estética disruptiva, colorida y expresiva, pensada para conectar con un público joven y curioso. Cada línea de café tiene un nombre, una historia y un concepto que refleja su origen, sus notas sensoriales o su espíritu: desde cafés brillantes y ácidos hasta otros más melosos y achocolatados.

La transparencia es un valor central: en sus redes sociales y en sus etiquetas detallan la variedad del grano, el productor, la altitud, el proceso de beneficio y el perfil en taza. No esconden nada, porque creen que educar al consumidor eleva toda la cadena.

Fuego Tostadores también promueve el diálogo entre baristas, consumidores y productores, apoyando ferias, eventos y colaboraciones con otras marcas emergentes. En 2025 están lanzando una línea de cafés fermentados y otra con perfiles experimentales, lo que demuestra su constante búsqueda de nuevos límites dentro del mundo del café.

Con sede en Buenos Aires, Fuego no solo vende café: crea comunidad, rompe moldes y enciende la pasión por el café bien hecho. Por eso su nombre no solo refiere al tueste… también a la chispa con la que contagian a cada cliente.

Kapselmaker: tecnología, cápsulas y tostado argentino de vanguardia

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En un mercado donde el café en cápsulas crece sin freno, Kapselmaker se posicionó como el primer gran jugador argentino que no solo produce cápsulas compatibles, sino que tuesta su propio café, desarrolla maquinaria propia y apuesta por la innovación en toda la cadena de valor. Fundada en 2016 por Javier Boustani, esta empresa se convirtió en un fenómeno dentro del rubro.

A diferencia de otros proyectos que importan el café ya tostado, Kapselmaker creó una fábrica con tostadoras automatizadas, diseñadas por su propio equipo. El sistema incluye sensores, control térmico preciso y hasta algoritmos de inteligencia artificial para lograr perfiles de tueste consistentes, algo inédito en Argentina. Tienen la capacidad de replicar sabores con precisión lote tras lote.

El local de 900 m² sobre Av. Santa Fe (CABA) es una experiencia en sí misma: fábrica, tienda, bar y showroom donde se puede degustar café, ver el proceso de tostado en tiempo real y probar las cápsulas o las máquinas antes de comprarlas.

Sus cápsulas son de aluminio, 100% reciclables, y abarcan una gama que va desde cafés de origen (Brasil, Colombia, Etiopía, Nicaragua) hasta blends personalizados, cafés saborizados (avellana, tiramisú, chocolate) y hasta cápsulas funcionales con ingredientes como hongos adaptógenos o colágeno.

Uno de sus lanzamientos más audaces fue un café añejado en barricas de roble de la bodega Rosell Boher, marcando un cruce entre el mundo del vino y el del café. Además, Kapselmaker promueve programas de reciclaje de cápsulas usadas y trabaja en logística inversa para reducir su impacto ambiental.

Con una visión integral que combina tueste, diseño de producto, tecnología y experiencia del usuario, Kapselmaker no solo se consolidó en el mercado argentino, sino que marca el rumbo del café en cápsulas del futuro.


FullCity Coffee Roasters: pioneros del café de especialidad en Argentina

fullcity
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Cuando se habla de café de especialidad en Argentina, es imposible no mencionar a FullCity Coffee Roasters. Fundado en Buenos Aires en el año 2009 por Germán y Valeria, este emprendimiento fue uno de los primeros en introducir el concepto de café de origen, trazabilidad y tueste controlado en un país dominado históricamente por el café torrado.

Desde su local de Palermo y su tostadora en Chacarita, FullCity ofrece una experiencia integral que va más allá de la simple venta de café: educan al consumidor, capacitan a baristas, realizan catas y promueven una cultura de respeto por el grano. El nombre “FullCity” hace referencia al nivel de tueste —ni muy claro ni muy oscuro— con el que comienzan a destacar los matices de origen sin perder cuerpo ni dulzor.

Utilizan tostadoras Giesen de tecnología holandesa, reconocidas por su precisión en el control térmico y consistencia. Cada perfil de tueste se prueba, se ajusta y se vuelve a testear, siempre con el objetivo de resaltar las características sensoriales de cada origen: acidez brillante en los etíopes, chocolate profundo en los brasileños, notas florales en los colombianos.

El equipo de FullCity también ha sido clave en la formación de muchos profesionales del rubro. Ofrecen talleres, cursos y asesoramiento para cafeterías que quieren desarrollar su propia línea de café tostado. Además, son impulsores de prácticas sustentables: compran café de origen ético, apoyan pequeños productores y evitan el sobreempaque innecesario.

Hoy FullCity no solo abastece a consumidores finales a través de su tienda online, sino también a cafeterías de toda la Argentina. Su influencia se siente en la calidad creciente del café que se sirve en Buenos Aires y otras ciudades. Son referentes, no por marketing, sino por compromiso genuino con la excelencia, la educación y el respeto por el café bien hecho.

Café Pushkin – Moscú entre literatura, aristocracia y elegancia atemporal

Café Pushkin de Moscú
Café Pushkin de Moscú

Aunque parezca salido directamente del siglo XIX, el Café Pushkin abrió sus puertas en 1999, en pleno centro histórico de Moscú. Su estilo aristocrático y su evocación directa del romanticismo ruso han hecho que, en muy poco tiempo, se convierta en un símbolo cultural de la capital rusa, a la altura de cafés con siglos de historia.

El origen del Café Pushkin es peculiar. Nació a partir de una canción de Gilbert Bécaud, titulada “Nathalie” (1964), en la que un francés viajaba a Moscú y se encontraba con una guía turística que lo llevaba “al Café Pushkin”. En ese momento el lugar no existía. Pero la canción fue tan influyente que, décadas más tarde, los empresarios Andrey Dellos y Andrey Konchalovsky decidieron materializar esa fantasía. El resultado fue espectacular.

Ubicado en un palacete barroco del siglo XVIII restaurado con exquisito detalle, el café recrea el ambiente de una mansión noble rusa: bibliotecas con estanterías de roble, candelabros, mapas antiguos, salones adornados con relojes, bustos y retratos de escritores, y camareros vestidos con trajes del periodo zarista. Cada rincón está diseñado para transportar al visitante a los tiempos de Pushkin, Tolstói o Dostoievski.

Aunque Alexander Pushkin, el gran poeta ruso que da nombre al lugar, nunca lo conoció (murió en 1837), su espíritu impregna el ambiente. Se dice que este es el tipo de café en el que él habría escrito o discutido poesía, con una copa de coñac y una pluma de tinta negra.

El menú del Café Pushkin también es una celebración de la alta cocina rusa: blinis con caviar, borsch, pelmeni, stroganoff y postres clásicos como el Napoleón o la vatrouchka. Todo se sirve en vajilla fina, con un servicio impecable que refuerza la experiencia de elegancia imperial.

Hoy, el Café Pushkin es uno de los lugares favoritos tanto de moscovitas como de turistas. No solo por su excelente cocina, sino por su atención al detalle, su homenaje a la tradición rusa y su atmósfera literaria que lo vuelve único.

Más que un café moderno, el Pushkin es un homenaje tangible a la historia, la poesía y el esplendor de la Rusia cultural.

Café Hafa – Tánger, vistas al mar y poesía en cada rincón

Café Hafa – Tánger
Café Hafa – Tánger

Inaugurado en 1921, el Café Hafa no tiene ni lámparas de cristal, ni techos dorados, ni elegantes salones interiores. Y sin embargo, es uno de los cafés más míticos del mundo. Situado en lo alto de un acantilado con vistas privilegiadas al estrecho de Gibraltar, este café al aire libre ofrece algo que ningún otro puede igualar: el encuentro entre el mar, la historia, la cultura y el alma bohemia de Tánger.

Con una arquitectura sencilla y tradicional, compuesta por terrazas escalonadas, mesas de cerámica y bancos blancos rodeados de buganvillas, el Hafa se ha mantenido casi sin cambios en más de un siglo. Esa fidelidad a su esencia, y su vista infinita hacia el horizonte, lo convirtieron en un punto de encuentro mágico para generaciones enteras de artistas, escritores, músicos y viajeros errantes.

Entre sus visitantes más célebres figuran Paul Bowles, William S. Burroughs, Jean Genet, Tennessee Williams, Jack Kerouac, The Rolling Stones, Sean Connery y The Beatles. Todos buscaban allí algo más que té de menta: buscaban inspiración, silencio, anonimato o respuestas.

En particular, Luis Eduardo Aute y Juan Goytisolo mencionaron el café en sus obras, y Patti Smith lo describió como un “mirador de pensamientos”. El Hafa se convirtió en símbolo de la Tánger internacional, esa ciudad cruce de culturas, idiomas y pasiones donde Oriente y Occidente se funden en un solo lugar.

No hay carta impresa ni menú sofisticado. El protagonista es el té de menta dulce, que se sirve en vasos de cristal y que muchos dicen que es el mejor de Marruecos. Acompañado por el sonido del mar y las gaviotas, se convierte en ritual.

A pesar del paso del tiempo y los cambios en la ciudad, el Café Hafa conserva una atmósfera suspendida, como si el reloj no existiera allí. Visitarlo es entrar en un espacio de contemplación, donde la sencillez es belleza y donde cada sorbo contiene una historia.

El Café Hafa es más que un café: es un mirador del alma, un faro para poetas, un refugio para soñadores, y un emblema de la Tánger eterna y cosmopolita.

Café Majestic – Belleza, historia y arte en el corazón de Oporto

Café Majestic de Oporto
Café Majestic de Oporto

En el número 112 de la Rua de Santa Catarina, la calle peatonal más emblemática de Oporto, se encuentra el Café Majestic, una verdadera joya de la arquitectura y uno de los cafés más encantadores del mundo. Inaugurado en 1921, fue concebido originalmente como el “Elite”, pero pronto adoptó el nombre con el que haría historia: Majestic.

Desde su apertura, el café fue símbolo de lujo y refinamiento. Su arquitectura se inscribe dentro del estilo Belle Époque, con fuertes influencias del Art Nouveau francés: grandes espejos, molduras talladas a mano, columnas ornamentadas, candelabros de bronce, mármoles, maderas nobles y una fachada imponente que aún hoy atrae a locales y visitantes por igual.

Durante los años 20 y 30, el Majestic fue el centro social de la alta sociedad de Oporto. Era el lugar predilecto para charlas, tertulias, conciertos íntimos y encuentros entre artistas, escritores y pensadores. El ambiente sofisticado y su privilegiada ubicación lo convirtieron rápidamente en un punto de referencia para la vida cultural de la ciudad.

Un dato curioso es que J.K. Rowling, autora de Harry Potter, vivió en Oporto a comienzos de los años 90 y solía escribir en el Majestic mientras trabajaba como profesora de inglés. Se dice que allí comenzó a desarrollar ideas para su famosa saga, inspirada, en parte, por la atmósfera mágica del lugar.

Durante las décadas siguientes, el café atravesó periodos de decadencia y fue incluso cerrado por un tiempo. Pero en 1994 fue restaurado cuidadosamente, devolviéndole su esplendor original y reabriendo sus puertas como uno de los símbolos culturales más importantes de Oporto.

Hoy, el Café Majestic ofrece mucho más que un excelente café: su carta incluye repostería portuguesa, desayunos y almuerzos elegantes. Pero, sobre todo, ofrece una experiencia estética y emocional, donde cada rincón parece sacado de una postal del pasado.

Entrar al Majestic es viajar en el tiempo. Es sentarse donde se sentaron soñadores, escritores, músicos y viajeros que, como hoy, buscaban en una taza de café el reflejo de una ciudad hermosa y nostálgica.

Café A Brasileira – Lisboa, modernismo y saudade en una taza

Café A Brasileira de Lisboa
Café A Brasileira de Lisboa

Inaugurado en 1905 en el barrio de Chiado, el Café A Brasileira es uno de los cafés más icónicos de Lisboa y una verdadera joya del modernismo portugués. Fundado por Adriano Telles, un emigrante retornado de Brasil, su objetivo inicial era vender café brasileño puro, en un tiempo en que los lisboetas solían tomarlo mezclado con otros productos.

Para incentivar la venta, Telles ofrecía una taza gratis con cada paquete de café comprado. Lo que empezó como estrategia comercial terminó siendo el germen de uno de los espacios más emblemáticos de la vida cultural portuguesa. Pronto, el local se transformó en café literario, lugar de reunión de artistas, escritores y bohemios.

El nombre de este café está íntimamente ligado a Fernando Pessoa, el poeta más influyente de Portugal. No solo lo frecuentaba, sino que su memoria fue inmortalizada con una escultura de bronce que lo representa sentado en la terraza, donde hoy turistas y admiradores se sientan junto a él para tomarse una foto. La figura se ha vuelto símbolo del lugar y de la ciudad.

El interior del Café A Brasileira destaca por su decoración art déco: paneles de madera tallada, espejos biselados, lámparas de época y techos altos. Todo evoca el esplendor intelectual de las primeras décadas del siglo XX. Las mesas del café vieron pasar a figuras del modernismo portugués, como Almada Negreiros, Mário de Sá-Carneiro y Aquilino Ribeiro, entre muchos otros.

Durante la dictadura de Salazar, el café fue un refugio para la disidencia intelectual, aunque bajo vigilancia. A pesar de los cambios políticos, sociales y urbanísticos, el Brasileira se mantuvo fiel a su esencia: un espacio donde el café y la palabra se entrelazan.

Hoy, el Café A Brasileira sigue ofreciendo su tradicional “bica” (espresso portugués) junto con pasteles y platos típicos. Es punto de encuentro tanto para lisboetas nostálgicos como para visitantes que buscan el sabor auténtico de la historia portuguesa.

Más que un café, A Brasileira es un templo de la saudade, ese sentimiento profundo de añoranza que impregna la cultura lusa, y un testimonio vivo del espíritu creativo de Lisboa.

Café New York – El palacio literario de Budapest

Café New York de Budapest
Café New York de Budapest

Considerado por muchos como el café más bello del mundo, el Café New York abrió sus puertas en 1894 en Budapest, Hungría. Ubicado en el elegante barrio Erzsébetváros y parte del edificio que hoy alberga el New York Palace Hotel, este café representa el esplendor de la Belle Époque centroeuropea y la época dorada de la vida intelectual húngara.

El interior del café es sencillamente deslumbrante: techos decorados con frescos, columnas de mármol rojo, candelabros de cristal veneciano y detalles dorados que evocan la opulencia de un palacio real. Su arquitectura neobarroca y renacentista fue diseñada para impresionar, y lo logró: desde sus primeros días, se convirtió en el lugar favorito de escritores, poetas, periodistas, músicos y artistas.

Durante los primeros años del siglo XX, el New York era el corazón palpitante de la literatura húngara. Allí se reunían las figuras más destacadas de la revista Nyugat (Occidente), la más influyente de su tiempo, que marcó la modernización cultural de Hungría. Escritores como Mihály Babits, Dezső Kosztolányi, Endre Ady y Frigyes Karinthy eran clientes habituales, y se dice que muchas obras literarias nacieron entre sus mesas.

Una anécdota famosa cuenta que el dramaturgo Ferenc Molnár, encantado con el lugar, lanzó simbólicamente la llave del café al Danubio, para que nunca más cerrara sus puertas. Durante décadas, el Café New York fue sinónimo de libertad creativa, tertulias apasionadas, y encuentros inesperados entre arte, política y sociedad.

Con la llegada del comunismo, el café cerró y el edificio cayó en decadencia. Sin embargo, en los años 2000, tras una impresionante restauración a cargo de una cadena hotelera italiana, el Café New York fue devuelto a su antigua gloria y reabierto al público como un espacio de lujo, cultura y memoria.

Hoy, se puede disfrutar de un espresso o un pastel tradicional húngaro (como el dobos torta) mientras se contempla un entorno que parece sacado de un cuento. El Café New York no es solo un café: es una obra de arte viviente, testimonio de la riqueza intelectual y estética de Budapest.

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